25 de marzo de 1858, la Señora dice su nombre: «Yo soy la Inmaculada Concepción»
Nueve meses antes de Navidad y de la celebración del nacimiento de Cristo, la Iglesia católica conmemora la Anunciación, es decir, el anuncio que el ángel hace a María del próximo nacimiento de Cristo.
Pero en Lourdes también celebramos un acontecimiento que cambió la vida de la pequeña ciudad de 4.000 habitantes en 1858…
Programa del 25 de marzo en Lourdes
La noche anterior:
20:30 h: Rosario con antorchas
25 de marzo:
9:30 h: Vídeo sobre el mensaje de Lourdes
10:00 h: Misa en la Gruta
12:00 h: Ángelus en la Gruta y evocación de la aparición
14:15 h: Pasos de Bernardita
15:30 h: Rosario en la Gruta y evocación de la aparición
20:30 h: Rosario con antorchas
Se ofrece la posibilidad de participar en un tiempo de adoración, de 12:00 a 17:00 h, en la cripta, o de acudir a la capilla de las confesiones para recibir la misericordia de Dios.
2026 en Lourdes
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1, 28)
En 2026, el santuario de Lourdes inaugura un nuevo camino espiritual, guiado por el Evangelio según san Lucas, que nos conduce al corazón de la Anunciación, el momento donde todo comienza.
El 25 de marzo de 1858, en la solemnidad de la Anunciación, la Virgen María reveló su nombre a Bernardita Soubirous: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Al igual que en Nazaret, Dios escoge la sencillez y la pequeñez para revelarse también en la Gruta de Massabielle.
Esta palabra —«Alégrate, llena de gracia»— se transforma hoy en una invitación para que cada peregrino acoja la gracia, reconozca la presencia de Dios y se atreva a un «sí» que abre un camino de esperanza.
25 de marzo de 1858, decimosexta aparición
Durante las tres semanas de su ausencia, en una calma que a los oficiales les pareció de buen augurio, Bernardita se envuelve en el silencio. Sin embargo, la fiesta del día siguiente suscitó una discreta esperanza; los que estaban convencidos de que era la Santísima Virgen la que se había aparecido a Bernardita pensaron que bien podría manifestarse para su Anunciación.
¡Sorpresa! El rumor que circulaba desde hacía una semana había atraído a varias decenas de personas.
La muchacha blanca está allí, fiel a la cita que ha concertado sólo para Bernardita. A la alegría de las demás apariciones se añade el sabor de una amistad reencontrada tras una larga ausencia.
Tras varios intentos de Bernardita por formular una frase que había aprendido de memoria y no retenía, la visión revela por fin su nombre: «Levantó los ojos al cielo, uniendo las manos, que estaban extendidas y abiertas hacia la tierra, en señal de oración, y me dijo: “Que soy Inmaculada Councepciou”». Bernardita echó a correr y repitió una y otra vez por el camino las palabras que no entendía.
Estas palabras turbaron al buen sacerdote. Bernardita no conocía esta expresión teológica para referirse a la Santísima Virgen. Cuatro años antes, en 1854, el Papa Pío IX la había convertido en una verdad de la fe católica (dogma de la Inmaculada Concepción).
Evangelio según san Lucas: I, 26-28
En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.