Del 18 al 25 de enero, los cristianos de todo el mundo están invitados a unirse en la oración por la unidad querida por Cristo: «para que todos sean uno» (Jn 17, 21). El tema elegido para el año 2026 se ha extraído de la Epístola a los Efesios (4, 4): «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados».
Lourdes, una tierra de acogida universal
Desde las apariciones de 1858, Lourdes se ha consolidado como un santuario al que acuden creyentes de todos los orígenes, culturas y confesiones cristianas. Católicos, ortodoxos, protestantes y evangélicos, así como personas en camino de fe o sin una pertenencia religiosa explícita, se reúnen en este lugar unidos por una misma búsqueda: el sentido, el consuelo y la paz interior.
En Lourdes, la unidad no se impone: se vive. Se expresa en el silencio de la oración, en el servicio a las personas enfermas, en la escucha fraterna y en el respeto al itinerario espiritual de cada persona.
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El agua de Lourdes: signo de vida y comunión
El agua ocupa un lugar central en Lourdes, pues remite al bautismo, fundamento común de todos los cristianos. Aunque existan diferencias entre nuestras tradiciones, el bautismo nos une profundamente en Cristo muerto y resucitado. En este sentido, el agua de Lourdes puede ser comprendida como un signo profético: no distingue ni separa, sino que se ofrece a todos.
Lavarse, beber y dejarse tocar por esta agua se convierte así en un gesto simbólico de unidad, una invitación a dejarnos purificar de nuestros miedos, prejuicios y divisiones históricas.
María, madre de todos los discípulos de Cristo
En Lourdes, María se manifiesta con sencillez: «Yo soy la Inmaculada Concepción». No se impone; siempre conduce a Cristo. Desde una perspectiva ecuménica, María puede ser contemplada como una madre atenta que reúne a los discípulos en torno a su Hijo, sin jamás sustituirlo.
En Caná ya decía: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Estas palabras continúan siendo un camino seguro hacia la unidad: escuchar juntos la Palabra de Cristo y ponerla en práctica.
Rezar y caminar juntos
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos invita a trascender una unidad meramente teórica. Lourdes nos recuerda que la unidad se construye en lo concreto: compartiendo los sufrimientos del mundo, sirviendo a los más vulnerables y atreviéndonos al encuentro y al diálogo.
Que esta semana sea para cada uno de nosotros un tiempo de conversión del corazón, para que, como en Lourdes, nos transformemos en peregrinos de la unidad y testigos de una esperanza más fuerte que nuestras divisiones.
Oración por la unidad de los cristianos
Señor Jesús,
Tú que, en vísperas de morir por nosotros,
oraste para que tus discípulos fueran perfectamente uno,
como tú en tu Padre y tu Padre en ti,
haznos sentir la infidelidad de nuestra desunión.
Danos la lealtad para reconocer y el coraje
para rechazar lo que hay en nosotros de indiferencia,
desconfianza e incluso de muda hostilidad.
Concédenos reencontrarnos a todos en ti,
para que, de nuestras almas y nuestros labios,
ascienda incesantemente tu oración por la unidad de todos,
como tú lo quieres, por los medios que tú quieres.
En ti que eres la caridad perfecta,
haznos encontrar el camino que conduce a la unidad,
en obediencia a tu amor y a tu verdad.
Amén.
Abab Couturier