El santuario celebra el 150.º aniversario de la coronación canónica de la estatua de Nuestra Señora de Lourdes, un signo honorífico otorgado por el papa de manera excepcional. Esta tradición de la Iglesia fomenta la devoción de los fieles para renovar la confianza y el amor hacia aquella a quien invocan como madre.
A lo largo de todo el mes de mayo, mes de María, los peregrinos del Santuario de Lourdes están invitados a participar en la confección de una corona muy especial: no una corona de oro, sino una corona de flores, ofrecida y compuesta poco a poco, flor tras flor, intención tras intención.
¿Por qué regalamos flores a María?
Un gesto de veneración
Desde hace siglos, los fieles ofrecen flores a la Virgen María como muestra de amor y respeto. Estas ofrendas simbolizan la belleza y pureza de María, del mismo modo que las flores despliegan su esplendor para rendir homenaje al cielo.
Ofrenda floral en Lourdes
En el Santuario de Lourdes, cada mes de mayo se organiza una ofrenda floral, un momento único para manifestar nuestra devoción a María.
¿Por qué ofrecer una corona a María en Lourdes?
Coronar una estatua no consiste únicamente en colocar un ornamento precioso. Coronar a María es proclamarla Reina, no de poder, sino de ternura y de protección.
Colocada en 1876, la Virgen Coronada acoge hoy a los peregrinos como «anfitriona» del lugar. A diferencia de la estatua de la Gruta, que representa la aparición tal como la vio Bernardita —humilde y silenciosa—, la estatua de la explanada expresa la gloria de María. Esta imagen fue coronada solemnemente en presencia de numerosos obispos y cardenales.
Claveles amarillos rodearán la estatua de la Virgen Coronada, evocando las rosas doradas que aparecían a los pies de María durante sus encuentros con Bernardita. Mediante este gesto sencillo, cada peregrino podrá participar de este impulso de piedad popular: depositar una flor es ofrecer una oración, confiar una intención, dar gracias o simplemente hacerse presente.